miércoles, 1 de junio de 2011

Sintonía



Que bueno fue que estuvieras viva.
Que bueno fue que llegaras justo.
Que bueno fue sepultar la herida.
Que bueno fue desnudar los sustos.
Que bueno fue que supiera verte.
Que bueno fue liberar la gracia.
Que buena fue la pasión en medio.
Que bueno fue ser tan diferentes.
Que bueno fue robarte aquel beso.
Que bueno andar la distancia juntos.
Que bueno verse en ojos ajenos.
Que buena fue esa escena nueva.
Que bueno el cuadro de aquella noche.
Que bueno estés acostada al lado.
Que bueno es dejarlo en palabras.
Que bueno es esto que está pasando.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Meridiano




… de este lado el filtro da otro color. El clavo, la cruz, las llaves y el desierto (detrás y delante). Ese despegar, esa nueva fascinación y las caricias más profundas y nativas, a veces, se parecen bastante a la soledad. Bastan aquellos pequeños puestos de descanso y las manos cuando golpean y la sangre cuando es “amable” para recuperar el aire y sin embargo, pulmonada tras pulmonada - y más allá de mis intenciones- me reconozco cada vez más del otro lado; podría decirte quizá, ya lejano.

Miro atrás y mapeo los días como queriendo reconstruir un camino de regreso que ya no está. Me imagino entre la muchedumbre caminando, en las filas de los bancos, en las fiestas de fin de año, en los clubes, en las epopeyas carnales de las celebraciones nocturnas, en las palabras espontáneas inocentes, los oídos vírgenes y los ojos ingenuos, frente al televisor noche tras noche en la soledad compartida de millones de consumistas violados en una inmensa y siniestra orgía de manipulación colectiva (bajo el alivio de un consuelo de sonso) y aunque me esfuerzo, en algunas ocasiones hasta las lagrimas por encontrarme entre ellos, no encuentro, a estas alturas, ya ni el rastro triste de mi sombra perdida.

No tengo idea hacia donde voy ni porque estoy acá. No tengo idea de porque en este espacio hay tantas cosas que no huelen, no se sienten, no se ven, no saben a nada. Sin saber por que y sin haber tenido la intención tengo la impresión de haber cruzado un meridiano, y aunque por momentos quisiera volver… ya estoy del otro lado.








lunes, 18 de abril de 2011

La zozobra de la vida





Ya no me alcanzaban las estrellas en los tiempos en que descubrí que mi mollera se había cerrado para siempre. Me consumía por dentro, el ciclo constante, diario, la ferocidad del movimiento había puesto sobre mí la ceguera peor. Lenta, pero inexorablemente descubrí que aquello de lo que me estaba alimentando sabía más a mí mismo que a ninguna otra cosa. Fue en aquellos días cuando empecé a creer en la idea de que algunas personas van mutilándose paulatinamente, día tras día, para ellos es algo que no se puede detener; ciertas cegueras producen un aceleramiento notable de este fenómeno y entonces, cuando acabamos por permitir la última mutilación de nuestra vitalidad, nos encontramos con la muerte de frente, ella nos besa en la boca y después en un ritual oscuro nos fundimos en el abrazo de la triste entrega. No cuando se detiene el corazón, sino cuando de un modo u otro decidimos entregarnos  a ese abrazo es que estamos muertos; ¿Quién sabe? Aunque yo nunca lo vi, hay quines dicen que se puede despertar de allí. En caso de que no, lo que viene después, lo que antecede a la desaparición física, esa especie de angustia infinita… no es más que la zozobra de la vida.

viernes, 25 de marzo de 2011

En otras manos

 


Todavía algunos ojos,
todavía algunos brazos,
todavía algunas vidas,
sin retorno a su lugar.

Todavía algún silencio,
todavía ese dolor
todavía la mentira.
Sin poderse encontrar.

Todavía en otras manos,
todavía no sabés.
Todavía se te espera,
se te sueña, se te cree.

Todavía esas viejitas,
treinta y cinco años después.
Todavía están buscando
cuatrocientos nietos más.



Cada veinticuatro de marzo en este bendito país se conmemora en día de la Memoria.
Con la última dictadura militar, además de treinta mil detenidos desaparecidos y seiscientos cincuenta muertos en la guerra de Malvinas, unos quinientos niños perdieron su identidad producto de la apropiación ilegítima por parte de los dictadores. Fueron robados no solo de los brazos o los vientres de sus madres, sino también de su propia historia y la de toda sus familia.
Al día de hoy, se han encontrado ciento dos. Todavía se espera encontrar a los otros cuantrocientos.

  

                Los que quieran


Se buscan tus ojos marrones de almendro
tus ojitos verdes tus ojitos negros
se busca la gracia que quiebre el secreto
se busca en la nieve el calor de un lucero

se buscan olores, bostezos y risas
mentones espaldas montones de brisas
se busca llenar un lugar que está hueco
se busca tocar lo que se ama en silencio

se ofrece madera a quién pudiera
y que quieran los que quieran

se buscan tus brazos tus fardos de huesos
la misma mirada los mismos consuelos
se busca quien vista el vestido de ella
se busca quién calce perfecto en la huella

se buscan tus dientes ay si vos supieras
qué lindo reía qué lindo que era
se busca la idea del mundo de él
se busca la fuerza que debés tener



martes, 15 de marzo de 2011

Memorias de la tristeza



La copa desde abajo se ve perfecta, es cristal de transparencia distorsionada debajo de la luz amarillenta brillante. La escena es perfecta. Es esa parte dulce de la tristeza, el lugar en donde uno se acuesta para dejarse morir, al menos por un tiempo. Memorias de la tristeza. Símbolos del perdón. El momento preciso en que se produce la rajadura desde la parte superior hacia la base. 



jueves, 3 de marzo de 2011

Las cosas tienen movimiento

Muevo apenas los dedos por encima del mundo, sé que me traigo un poco de todos. Algunas veces exagero y juego a que miro por la ventana  de los demás, entonces tengo la sensación de, casi, poder sentir como ellos y me siento absoluto, completo, conectado. El mundo es, a veces, un puño que nos asfixia y otras veces un prado que nos reúne, eso lo sé y es por eso que todavía le prendo velas a las tumbas de las historias, por es que venero la suave resaca de lo mal bebido además de aquello que dichosamente me quito la sed.
Me cuesta, a veces, hacerme a las rutas sin rumbo fijo, sin embargo cada vez que lo hago descubro que tengo un lugar en ese lugar que no es ningún lugar; probablemente sea mi lugar, mi morada eterna. Puede que sea por esa certeza inconfundible que me invade el temor cuando un paisaje prometedor se avecina (siempre pienso que la palabra avecina es genial…), puede que tenga en claro que si esa imagen algún día toma la firme decisión de seducirme de un  vez y para siempre, lo más probable es que no me pueda separar de ella y de esa manera correría el riesgo de ser terriblemente feliz para siempre... ¿Cómo podría permitirme semejante bajeza?
Pero me veo en vos y en vos y en vos y otras veces en mi voz… Algunas veces con más fortuna que otras y otras con menos suerte que algunas veces, pero me veo y, aunque trato de no tenerlo en cuenta, sé que me ves y sé que todos sabemos que esta trama se teje así: vos es mis manos, yo en tus ojos, ella en tus labios, alguien que piensa, algo en la piel… Y cuando menos lo esperamos dos palabras cruzaron el mundo y… quien sabe? Quizá salvaron una vida.
Lo dejo fluir entonces, te dejo llegar y voy hacia vos, también. No sé donde vamos, no me preguntes donde te voy a llevar. La verdad es que todavía no tengo claro quien lleva a quien. Solo tengo claro que las cosas tienen movimiento y la angustia no es más que no poder aceptar ese fenómeno imposible de detener. Nada es tuyo, nada es mío, nada es de nadie… Y, aunque te parezca mentira, eso es lo mejor que tenemos.


Por cierto... Gracias a Mirta Pagano por permitirme usar su cuadro para ilustrar mi texto!!!
Es sarcasmo, claro... (todo menos lo de "gracias"")

miércoles, 16 de febrero de 2011

Distancia

La palabra distancia es algo que casi me genera fobia… Distancia cuando hay cercanía digo; distancia cuando es una opción y se opta por ella. Distancia de uno mismo sobre todo. Cuando la distancia es de kilómetros me resulta más bien atractiva, esas son distancias incorregibles, aunque a veces son por opción o por placer también, pero ese preciso momento en que uno da cuenta de la lejanía de kilómetros, eso es irremediable, irreductible, inquebrantable, subliminal; quizá puro aprendizaje, es como la lluvia: cae y nada se puede hacer, solo disfrutar del ver como cae agua del cielo. Pero las distancias esas de sentir que no te podés poner la mano en el pecho, las de sentir que no podés decirle a tus pies hacía donde querés que vayan, las de no poder afinar una nota, las de dormir sin descansar, las de aproximarse a la lejanía, las de besar el sosiego, las de ir a contramano del corazón… esas son una mierda. Son un pantano, una cárcel de diseño, una trampa que no engaña a nadie, un hambre mal saciada, un vaso de agua podrida, una boca llena de sal…
Unos pasos más cerca, aunque eso me haga doler las piernas, se ve muy mal. Puede que esto sea lo que hace que se aleje. Unos pasos más cerca huele a podrido, se oye rechinar de dientes, se puede sentir la humedad, los hongos en los rincones de la habitación. Unos pasos más cerca se siente el rechazo, el miedo de un gato cagado a palos que ya no quiere más o que, por lo menos por un tiempo, ya no hay aventura que lo aleje de su madriguera. Unos pasos más cerca, aún más cerca probablemente, se siente el bramido de las aguas de la fe, se escucha el golpeteo de ese paso que quiere ser, la impaciencia del último paso a cruzar el meridiano y el griterío de la prohibición aturdiendo el hambre, ese que lleva más allá.
A veces cerca es muy lejos. Otras veces lejos es acá.

                         
                             Lo mejor de nuestra piel es que no nos deja huir...

viernes, 28 de enero de 2011

Al otro lado


Abrir el diálogo interno del cuestionamiento, tratando de no esquivarle al bulto y evitando dirigir misiles verbales envenenados al primero que se cruce, es un lastre que va subiendo de peso proporcionalmente con el aumento de la conciencia de las propias responsabilidades. Digo: mirás para dentro y te quedas solo…  tus zapatos rotos de tantos años y el camino, un camino cada vez más estrecho bajo un atardecer lluvioso entre medio de una arboleda de sauces llorones, un camino gris de piedra y barro que se eleva paulatina y certeramente hasta la cima de una sierra lejana detrás de la cual, ojalá (probablemente), el viento sopla renovador haciendo a un lado las nubes y las estrellas decoran una sala de estar perfecta donde la luna es una lámpara de opalina que se refleja en el agua de un estanque exclusivamente para vos. El fin del camino, al otro lado de la sierra, es toda una promesa y basta para arrastrar los pies, sin embargo ese largo camino sigue estando ahí; a veces te ahoga, te sofoca, te mata de hambre y sed, te ciega te aleja, te enajena, te oculta y derrama gotas de perfume de la muerte y es entonces cuando se descubre que lo más pesado no es la inhospitalidad del trecho que caminamos que no nos muestra sustento para la supervivencia, sino la extrañeza de que uno mismo es mago y despensa de sus necesidades. Las ramas vuelan por encima de tu cabeza mientras llorás arrodillado y te gritan confusamente “¡En vos está todo lo que necesitas para sobrevivir!”. De repente un estruendo y PUM!!! volvés a la vida de todos los días, la gente te habla, la tierra se mueve, sigue latiendo ahí y para vos el mundo es solo una línea gris que se mueve velozmente a tu alrededor autodestruyéndose, por eso recordás el árbol donde hace un momento estabas sentado llorando y volvés ahí, porque sentís que si hay algo peor que la muerte es estar disconformemente vivo… y a pesar de que te duelan los pies y el camino se hace cada vez más cuesta arriba, no va a haber nada que emita un latido dentro tuyo si no llegás hasta el otro lado de la sierra.
Lo jodido de emprender caminos largos que van hacia dentro es que en el recorrido borramos la estupidez que hace falta como para volver atrás y así no nos queda otra que seguir hasta el final o perecer a mitad de la aventura. Lo más denso de responsabilizarse de los propios movimientos y de los resultados que eso muestra es que nuestras piernas no están preparadas para cargar el peso de la culpa y el autocastigo cuando la realidad se desnuda y se chupa los dedos eróticamente frente a nosotros, haciéndonos burla… Con todo, y sin lamentarnos, allá hemos ido, hasta la lejanía del dolor y la ausencia, de la indiferencia, la soledad y el miedo; dando pequeños pasos y tomando fuerza para cargar la totalidad del lastre, perdonando y perdonándonos hasta sentirnos más livianos, hasta llegar aquí, llenos de raspones, bollos y torceduras, a dejar unas líneas para agradecer que al margen de la locura que nos aleja de nosotros mismo y las idioteces que podemos llegar a hacer, todavía quedan personas que (neciamente) siguen dándonos sus buenas intenciones, aunque parezca que un monstruo nos está devorando por dentro y se asoma por nuestra boca. Porque puede que seamos cada más lo que creemos que la solución real se encuentra mucho más en el perdón que en el castigo…

jueves, 20 de enero de 2011

Namaste


Hice silencio, cerré la boca un poco. Hice silencio para escuchar. Hice silencio desde un recuerdo, hice silencio para observar. Hice regreso a un punto, hice de noche y oscuridad. Fui caminando lento, paso tras paso, hasta llegar.
Cerré la puerta de salida, abrí la misma puerta para entrar.
Andar de punta a punta los laberintos, aprender que solo hay una forma de salir y verse a la cara con los viejos miedos. Descubrir que quien este enfrente, es una construcción de mi propia percepción condicionada, quizá (en mi caso) -más que nada- lo que temo de aquel que se para frente a mí. Es descubrir la lamina sobre los ojos, el filtro vivencial de la mirada; los recuerdos de la palabra que dolió y detrás de ella una historia tan parecida a la tuya… y la idea de que detrás de eso se esconde lo natural casi como una falla de diseño, como un cuento sin fin que al acercarse a las ultimas líneas nos susurra entre sollozos: “alguien tendrá que PERDONAR”. Probablemente sea ahí donde comienza a latir la posibilidad de habitar el cuarto de arriba, donde todo se siente más, pero duele menos y entonces mi boca (sin que yo lo pueda controlar) comienza a decir: “si te entiendo te perdono y si te perdono no te juzgo y si no te juzgo no te temo y si no te temo no duele y si no duele me siento mucho mejor…”


Y que NUNCA nos falte una canción...

viernes, 3 de diciembre de 2010

Silencios que hablan

A veces pienso que todavía le debo algunas noches a el silencio, a esas miradas hacia adentro, ese cerrar los oídos y todas las demás percepciones a la vez y escuchar esa radio emisora interna que parece relatar lo que ve desde un lente ondulado que se fue poniendo así con los años, porque antes… antes era liso. Poco a poco, voy escribiendo estos últimos tiempos y empiezo a sentirme, cada vez más, un escritor. Digo: cada día escribo peor, pero lo cierto es que cada día cumplo más y mejor el rol de escritor, me doy cuenta de que antes escribía para alguien, para que me vieran, pero con el paso del tiempo, dejé de intentar hacer de la escritura una cartelera de mí mismo y pasé a encontrar un placer íntimo por expresarme por medio de la escritura, porque claro: hay miles de maneras de expresarse, eso de dejar el sentimiento sobre una cosa, en un lugar, pienso en el tipo que hace un graffiti en una ciudad, de noche solo, escondido, cuidándose de la cana y no se lo cuenta a nadie, entonces es un anónimo para el resto de su vida lo hace para él, le interesa expresarse porque quiere que los demás lo sepan , pero a la vez solo lo hace por si mismo. Del mismo modo quizás una mina que se va de viaje sola a otro país y se toma la molestia de sentarse sola en un bar de noche a tomarse una cerveza, entonces agarra una servilleta de papel, saca una lapicera del bolso y escribe Roberrrrrrrrto te amo… si, así con puntitos suspensivos, lo hace por ella, a Rober le chupa un huevo, no se va a enterar nunca de hecho, él ahora está en la casa que comparte con ella, disfrutando de esos benditos 5 días de soledad que le vienen de maravilla porque desde que esta con ella, hace 2 años, no encontró ni un momento extenso y relajado de intimidad y por más que todo este tiempo sintió que con ella era feliz, ahora que se fue unos días se dio cuenta de que medio que tiene los huevos hinchados, entonces ahora mismo está tirado en el sillón frente a la tele mirando un DVD de Roxete con una birra en la mano mientras sube por su derecha el humo de un faso gomoso que descansa en el cenicero, levanta las piernas un poquito y se tira flor de pedo que hace resonar la cuerina del sillón y saben que…? se lo dedicó a ella… Eso también lo hizo por él nuestro queridísimo amigo Rober, se caga en ella, de la misma manera en que yo en este preciso momento, mientras escribo esto, se que los estoy puntuando como el orto y me cago en vos que lo estas leyendo. Por eso digo, una de esas soy cada día más escritor, incluso más que músico, aunque canto, me parece, menos peor de lo que escribo, pero eso también me chupa un huevo. Con todo esto, lo cierto es que parece existir una trama interna legítima, propia, el placer propio, el amor a uno mismo (Ohhhhhhhhhhh!!!), esto que parece una boludez grande como el cielo en realidad no es más que una realidad absoluta, tal vez la realidad absoluta. Bah… o por lo menos para mí que las personas que más me gustan son aquellas que se encuentran más cercanas a su legitimidad. Aunque esto puede ser de diferentes maneras, pero mientras más cerca están de su centro más me atraen, entonces entro en un brete y dejo de escribir porque empiezo a pensar que estoy intentando ser legítimo para agradarle más a los demás o quizá sea como dice La Agrado que uno es más autentico cuando más se parece a lo que soñó de sí mismo.