jueves, 9 de septiembre de 2010

Toda una vida




Veo, ahí se pierde la huella, ya.
Veo distancia, proximidad…
Veo en tus ojos, ya no me ven.
Veo, te abrazo y no tengo piel.


Como un cuadro que envejeció,
como agua que siempre va.
Como tan lejos y siempre acá.

Toda una vida, vos qué verás?


Ahí una curva, no me ves más.
Ahí te busco, sin encontrar.
Ahí una noche que se hizo sol.
Ahí nos vemos y es todo igual.

Como una especie que se adaptó.
Como un refugio que siempre está.
Como tan cerca y tan ajeno…

Toda una vida, qué verás hoy?



Como te voy explicar todas las vueltas que ya di…. (?)
Y ahora me toca entender que quizás no estás en mí.
Como puedo desde mí darle lumbre a tu ceguera… (?)

Si me buscas aquí estoy, en la búsqueda tal vez.

martes, 31 de agosto de 2010

Como la flor en el cemento...


Y ese silencio desplegado en varias formas es la falta de la certidumbre, en los ojos ese filtro granulado, en las manos esa inmovilidad. La riqueza prometida a una distancia desmedida, lo más puro de lo oscuro es, también, un gran lugar de creación. Ese paso hacia dentro es, también, un lugar adonde moras y reconocerlo es arrimar una pieza más al rompecabezas siempre deseado de la entereza. (...) Que ser uno, tal y como ya te lo he expresado en otras oportunidades, no debe confundirse con ser solo un ser y de una pieza uniforme… Se trata de aceptar la infinidad de rostros que laten dentro de nuestra existencia al mismos tiempo que, constantemente, damos a luz y por tierra a otros, dejarlos tanto respirar como partir, abrirles la puerta y dejar la casa a su disposición como a su indisposición, es natural, es como aquella flor creciendo en el cemento, es como la tormenta desatándose irremediablemente y enseñándonos que se trata de amar los días como son y tomar lo mejor de ellos. Hacer foco sobre la luz nos mantiene constantemente iluminados, adivino que podrás imaginar lo que pasa si el foco lo ponemos sobre las sombras… Pero no confundir tampoco, no hacer foco sobre las sombras no significa negar la existencia de ellas; bien sabemos que si algún día el sol te asfixia vas a necesitar de ellas para resguardarte de aquel calor y si ellas no existieran tampoco podría existir la luz como tal, del mismo modo que hemos aprendido que no existiría ni la vibración sonora madre de no existir el silencio.

En tus manos todo, en tus manos Dios. La energía que utilizas en desear que el mundo cambie, mejor utilizada sería si estuviera puesta al servicio de cambiar al mundo por ti mismo, empezando desde vos.
Sabés bien que las cuentas van y vienen y que los números, por más exactos y controlables que parezcan, están más ligados al azar que a la certeza (paradójicamente). Querer controlar lo que no se puede controlar es lo que te enajena, porque intentás correr el curso de lo natural e inevitable y esto va a ser, siempre, una fuerza por encima de la tuya.
Debés aceptar el mundo como es para poder mejorar las condiciones de tu estadía en él y así será, porque las condiciones para el bienestar están dadas para todo aquel que se deje llevar por el pulso natural.
Crecerás, entonces, como esa flor en el cemento…

miércoles, 18 de agosto de 2010

Cruces de sal


Y es así, que me digas que va a llover y entonces yo no dudo en salir a caminar... Es andar esa arboleda de eucaliptos fieles mil veces y nunca cansarme, es esa imagen del cielo gris y las hojas en movimiento, la humedad, la siempre sedienta tierra, los sauces esperando por llorar, los brazos al son de la brisa, la brisa al tiempo del atardecer, el frío anidándose en el abrigo, la miel en la boca, la atracción de siempre, la tormenta al fin. Es el eje donde gira, el tiempo que lo mira, la espina tan cristiana, el ego, las huellas no borradas, las alas perfumadas, la imagen prometida, la vos estremecida del aire cielo al llover, es toda la canción. Ya llovimos mentiras mejores, inundamos los ojos por dentro y por fuera, buscamos refugios, hundimos los barcos, izamos las velas, llovimos tormentas y hoy cruces de sal… Hoy que vemos que no escampa, cruces de sal. Hoy que no han faltado brazas, cruces de sal. Aunque el agua nos aplasta, cruces de sal…



Este post estuvo durmiendo desde hace unos meses en el borrador, hoy lo reencontré y dije: "quizás a alguien le venga bien...". Así que acá lo dejo nomás, haciendo de las suyas como si tuviera vida propia.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Presencias

…y la ruta se detuvo. Lentamente tu rostro fue dándole forma a un paisaje nuevo, un día nuevo, un sol más. La apertura de tus ojos modifica la realidad entera, la tersura de verba aterciopelada, la existencia natural por sobre las maquetas de estatuas hiladas (viejas, tristes y oscuras marionetas sin voluntad (¡claro, si! Eso de pobre los que no tienen voluntad)), el apetito y la alimentación armonizados, beber solo el agua necesaria para sacias verdaderamente la sed verdadera, saber cual es el vino que mejor sabe y brindar con el por placer, la dosis necesaria para volar sin aterrizajes forzosos, el silencio en la palma del alma como una completa expresión de saciedad absoluta, sanadora, equilibrada y diáfana.

Y la ruta se detuvo y la vista panorámica de un campo abierto se amaneció ante los ojos, quizá no había donde escapar entonces. El placer de la incertidumbre se funde con un escalofrío de temor, haciendo temblar las piernas (vaya a saber uno si de parálisis o de deseos de salir a correr la libertad real…) y tengo la sensación de que antes, era yo igual a un perro que corre tras su cola. Tal vez, entonces, la decisión fue sentarse un segundo en el suelo a observar, y fue una decisión casualmente acertada, porque también yo era camino de alguien así y objeto de transformación, porque del mismo modo que cada palabra cambia la realidad para siempre, se agita el infinito mar de las almas con determinadas presencias.
Así son ciertas asistencias…

domingo, 8 de agosto de 2010

Que sea mejor (fragmento)


Que tu boca me sepa a vino barato

y yo sepa encontrar algo en ella.


Que la estrella que me guía no se de vuelta,
que no pierda el olfato jamás.


Que pague una fortuna por un beso,
que me apueste la vida en una timba,
que me suba a un tren sin saber donde va.


Que el rumbo sea no tener rumbo
y que el camino sea a contramano,
que lo sepamos andar…

Y si es posible, si aún es posible:
Que sea mejor…

lunes, 2 de agosto de 2010

Ángel de los desamparados





Donde estés
Donde un vientre ocupés
Donde cruces esa línea una vez
Donde sientas caricia maternal
Donde muerdas de su mano el calor…

 
Donde corte el frío
Donde abraces una ausencia
Donde grises cálidos resguarden tus latidos…


Se acercará esa luz
Solo un placebo más
Verás su mano entrar, ahí, profundo


Baila en la noche, ángel de los desamparados
Mueve los brazos espantando a la muerte
Besa tu alma y la marca para siempre
Raya la calle y ves su huella eternamente.
 
 
Canciones frías de la sierra...

martes, 20 de julio de 2010

Cableluz

El siguiente es un post bien largo. Quizá demasiado largo para mi blog.

Y ya que hago, esta vez, la excepción de publicar algo más largo de lo habitual, también voy a hacer la excepción de explicar un poco de que viene la mano, con la esperanza de profundizarle el viaje a quien lo lea.
La joda es así: ya varias veces, venía surgiéndome la idea de contar imágenes que se me ocurrían al escuchar música, sobre todo determinadas veces en las que lo que sonaba era instrumental y lo que se percibía excedía la “realidad ordinaria”. Historias que dejo que se vayan hilando tras la primer imagen inconciente que se me aparece en la cabeza, capturo un cuadro y lo dejo desarrollarse libremente, sin pensar en el camino que va a tomar, ni en ninguna estructura en particular. Más adelante me di cuenta que esto me pasaba también con la música cantada, con letras, solo que para esto debía dejar de lado la concepción simbólica del lenguaje, por momentos y alejarme de los indicios culturales de las letras, simplemente tomar las palabras como una energía más que me llena de sensaciones y desarrollar la imagen codificada que mi ser devolvía de este estimulo.
Entonces, esto es eso. Tomé una canción de Cielo Razzo que me gusta mucho y me trae muchas imágenes, la puse en marcha, robé la primer imagen inconciente, pero clara, que mi cabeza devolvió al estimulo y dejé que se desarrolle una historia apartir de eso, sin reparar en ningún tipo de estructura.
Recomiendo entonces, leer el texto e inmediatamente después escuchar la canción que adjunto debajo, hacer el camino inverso al mío, o eso es lo que deseo. Ojalá tengan un buen viaje.






El próximo diluvio los vuelvo a ver…

Un vago de mil caravanas







Cableluz


El día que me trajeron, apenas entré me metieron en la sala de cirugía, me sentaron en una silla, me pusieron un trapo en la boca, ataron mi cabeza hacia atrás con un cinturón de cuero, me vendaron los ojos con un trapo mojado, luego sentí un gran dolor debajo de la garganta, justo sobre el esternón y perdí el conocimiento.
Desperté aquí, en esta habitación donde vivo hace ya muchos años, al despertar no había otra cosa en el mundo que pudiera percibir más que un dolor inmenso en todo el cuello y el pecho, no había lugar en mi existencia para otra cosa que no fuera ese dolor, me apoyé las manos y recorrí lentamente la zona, con miedo a descubrir algún hueso que saliera hacia fuera, roto; tenía la sensación de que estaba todo fracturado, apenas podía respirar; cuando llegué a la parte superior de mi pecho, justo debajo de mi garganta, me di cuenta de que el dolor provenía de allí y entonces recordé toda la escena de mi llegada hasta el momento en que me desvanecí. Apresurado, pero con cuidado, lleve mi manos hacia el sitio del dolor y al poyar mis dedos me sorprendió sentir un pedazo de metal, volví a recorrer la zona una y otra vez con la sospecha de que estaba desvariando, pero siempre sentía lo mismo: un aro de metal, de aproximadamente dos centímetros de diámetro y que en su centro se extendía hacia adentro de mi pecho… (¿?). Abrí los ojos entonces y no vi nada, negro, negro, todo negro… Temí estar ciego y me desesperé, pero unos segundos más tarde, encontré una línea de luz amarillenta y fina que se trazaba por debajo de mi escena y lentamente entendí que estaba en un lugar oscuro, en donde se filtraba un pequeño has de luz artificial por debajo de la puerta. Intente incorporarme para acercarme hasta la puerta y no lo logré, entonces me invadió una angustia sin medida y comencé a llorar. Lloré sin consuelo durante largo rato, por horas. Frente a mis ojos, la luz se fue haciendo un poco más clara y más intensa pero demasiado escasa como para que yo pudiera ver nada dentro de la habitación, entendí que había amanecido y aparentemente la puerta estaba frente a un ventana que daba al este por donde el sol salía, porque a medida que el tiempo transcurría el has de luz debajo de la puerta se hacía más pequeño aunque seguía siendo de luz natural, concluí que era la luz del sol que a medida, que se elevaba cruzando el cielo y quedando sobre el techo del lugar donde estaba y por eso disminuía la intensidad de la luz.
Al cabo de dos días no había oído siquiera una voz. El dolor en mi pecho disminuyó y empecé a sentir mis piernas aunque no lograba ponerme en pie, todavía. No entendía que era lo que había en mi pecho, pero mi confusión era tal que no me importaba mucho, estaba sucio, mojado y temblando, no sabía si de frío o que… Tenía una manta gruesa encima que olía a tierra vieja y humedad, estaba desnudo y sentía la boca seca como un manojo de cal. (…)
Al tercer día, unos minutos después de que amaneciera, sentí el ruido de una puerta que se abrió a unos metros de mi habitación y unos pasos que se detuvieron a unos pocos metros de la puerta por donde se filtraba mi has de luz y comenzó una conversación que no llegaba a oír bien, entre tres personas aparentemente. Los pasos volvieron a andar, en dirección hacia mi habitación, se detuvieron frente a la puerta, se escucho el ruido de un llavero en movimiento, un pasador que se corrió, la puerta cedió a la presión externa con un ruido húmedo y se abrió de par en par con una luz que me encegueció. Tres personas se acercaron a mí, antes de que pueda decir nada me ataron un trapo en la boca y me echaron la manta en la cabeza, me levantaron del piso y me arrastraron hacía afuera de la habitación y luego por un pasillo largo y frío, unos veinte metros; entramos a un cuarto que olía a amoníaco y humedad, me echaron sobre un sillón de cuero y metal grande y entonces sentí un golpe de puño en la boca del estomago que me dejo sin aire y enseguida otro en la sien que me noqueó y me alteró todas las percepciones de los sentidos. Me quitaron la manta de encima y enseguida pusieron una venda en mis ojos o algo así, me ataron las manos y los pies con cintas de cuero. Hubo un momento de silencio y quietud y luego una mano tomo fuerte mi pelo llevando mi cabeza hacia atrás por sobre el respaldo del sillón y pude reconocer acomodándose en mi cabeza el mismo cinturón de cuero que unas noches atrás.
Casi un silencio de segundos, luego unos sonidos extraños, sentí que alguien se acercaba a mí y luego el atragantado horror de que algo de metal entraba en el aro de metal sobre mi esternón; quise insultar, pero ya no pude. Luego escuche una voz que dijo: “En marcha” y un torbellino doloroso atravesó todos mis sentidos, trasladándome a otro lugar, otra percepción, otra tristeza más profunda.
Apenas sentí un susurro suave de arenas en los oídos, entonces abrí los ojos y te vi acercarte hacia mí corriendo, detrás de ti, los relámpagos del miedo y la persecución intentaban alcanzarte peleando por moverse en aguas negras y brillantes que se abrían tras tus pasos como un corte de navaja en medio de un desierto blanco y negro. Intenté levantarme para ir a tu encuentro y no lo logré, vos aceleraste el paso y de un salto te pusiste de rodillas frente a mí cuerpo desvalido, me acariciaste la cabeza, tomaste con tus dos manos mi cara y lloraste desconsoladamente apoyando tu frente contra la mía. Al cabo de unos segundos suspiraste profundo y tomaste aire como para decir unas palabras, entonces levante mi vista y ahí te encontré; me sorprendieron como siempre; tus dos pupilas de luna y tu rostro sin piel… Me dijiste: “No te preocupes, te llevo conmigo”.
Cruzamos interminables dunas, yo siempre en tus brazos y los ruidos de los lobos detrás. Recuerdo que en ese momento pensaba que no habría mejor forma de morir que en tus brazos, que si había un aroma que hubiera querido llevarme a la eternidad era precisamente ese, el de tu piel transpirada de sal. No había, entonces, dolor más placentero. Al alcanzarnos la noche hiciste un refugio con piedras y encendiste un fuego. Mi cuerpo estaba cada vez más deteriorado por las descargas, apenas podía mantener los ojos abiertos. Sin embargo, al verte, tan blanca y cuidadosa conmigo, acompañándome hasta lo que yo percibía que era el fin, podía entender que esa no era la peor tortura y que lo que sucedía era parte del camino que andábamos, que amarte era así, que nada por fuera de eso era mejor… Lloré de todos modos, vos te sentaste frente a mí y me dijiste: “Todo va a estar bien, no te va a suceder nada. Es solo tu cuerpo, tu alma sigue intacta”.Sentí una descarga más y el corazón a punto de pararse, sentí deseos de irme, tuve la sensación de no poder resistir otra descarga. Me tomaste las manos fuertes, te mire y me dijiste, “ese cuerpo está muerto, mantente tranquilo…” y llevándote el dedo índice de tu mano derecha a los labios me hiciste el gesto de silencio.
Te pusiste de pie, dijiste algunas palabras en un idioma que no entendí, te quitaste tus ropas de guerra y se desato un viento feroz y compañero. Bailaste tu danza de invocación sin quitarme los ojos de encima. Desde el piso pude ver a las estrellas bailar contigo aquella noche, el viento cantando para ti, la muerte deteniéndose un segundo, la pureza toda en un lugar.
Apoyaste tu mano sobre mi herida y con el viento soplándote por encima me dijiste que debías marcharte y que yo debía hacer lo mismo. Besaste por última vez ese cuerpo y desapareciste con la arena. No lloré la despedida, cerré los ojos y me quede para siempre, alegremente, del lado del dolor.


jueves, 15 de julio de 2010

Maktub


Soy un alma pendenciera de la noche que arrebata desafíos a los temerosos porque si. Soy un tipo que se aburre si la luna es siempre de noche, si las voces solo hablan, si este frío se le pasa al abrigarse y nada más… Soy un viejo estafador que inventa sueños en silencios, que planta acuáticas en el desierto, habla de brujas en los pueblos y tornados por llegar, solo para ver nacer el vértigo en las pieles dormidas. No es extraño entonces lo que pasa: esto de que me encante que juegues a la ruleta rusa con mi boca, de que solo el sonido alejado de tus pasos acercándote me de tantas ganas salir corriendo como de ir a encontrarte. Que un labio húmedo de muerte pueda ser la bala del final o el suspiro de seguir vivo (aunque sin saber por que), que al esperar una caricia sepa que puedo ser rasguñado, que al penetrar en tu cuerpo pueda que sea la última vez, que las palabras que tengo quizá no te digan nada y así entonces quede mudo para siempre, que de tu boca solo salga ruido… Es un riesgo que asumo con placer. Que si el tiempo no alcanza o es demasiado, que si las luces se apagan y nos cierran el bar, que si garuba finito, si los buitres y tus piernas, si las hormonas en primavera, si no me alcanza para la apuesta y si es que pierda quien mierda paga, si por la noche las lobas llaman o si me dicen que todo puede pasar… Seguro que todo eso puedo pasar, todo el tiempo y en cualquier lugar, que si me quedo en casa encerrado para cuidarme se me cae el techo encima y entonces de que carajo valió tanta precaución. Por esta vez vamos a pensar que todo esta escrito y que esto tenía que ser así (maktub le decíamos, no?). Me juego lo que no tengo a esta tirada, no se jugar de otra manera… Y si amanezco boqueando como pescado afuera del agua, ya veremos de que se pinta en cielo entonces.


Va con bonus track... ;)

domingo, 11 de julio de 2010

Naturaleza en flor


Todo lo que cruza la melancólica ventana, apenas queda humo en el aire, apenas entra luz y es bello así. La lentitud del tiempo es la velocidad de los sentimientos, la luminosidad de un día gris es aquello que se enciende dentro del pecho con la capacidad de iluminar cualquier penumbra. Si tan solo encontrara el modo de trasmitir lo que puedo sentir en cualquier momento y de que se entienda y de hacer entender que se debe trasmitir… que si esto creciera en cadena alrededor del mundo, si dejáramos que la vida sea y encontráramos la belleza en cada detalle… Entonces estaríamos salvados de nosotros mismos y no habría que ocuparse de intentar ser feliz, porque la felicidad es algo que naturalmente atraviesa la existencia.

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si no creyera en lo más duro
si no creyera en el deseo
si no creyera en lo que creo
si no creyera en algo puro

si no creyera en cada herida
si no creyera en la que ronde
si no creyera en lo que esconde
hacerse hermano de la vida

si no creyera en quien me escucha
si no creyera en lo que duele
si no creyera en lo que quede
si no creyera en lo que lucha




Asi suena mi casa en esta mañana gris...





miércoles, 7 de julio de 2010

Perderse y encontrar



Y si ahora ya no quedan guerras por ganar (por lo menos en este territorio)… Habrá que encontrar el ritmo de la paz, poner los pasos al tiempo de las hojas del otoño que ha perdido la oscura gracia de la tristeza para pasar a pintar una cálida escena de hogar, habrá que dejar morir la maleza, habrá que dejar hojas secas en el sendero y seguir. Si las curvas nos alejan tras sierras de las horas de ciudad, habremos de saber que la ruta es sabia y que, este y solo este, era el camino. Si luna es buena, si la noche es un abrazo de lucidez, si se corto una cuerda y el vacío era mucho mejor que pender de allí, si corto mi cara y ahora luzco una bella cicatriz, si acabó la noche y amanece con el alba algo mejor, si quedó el silencio y ahora el sonido lo elijo yo, si quedé cegado y resulta que ahora veo mucho más, si en canciones tristes aprendimos a escribir mucho mejor, si la boca seca, que ha sabido de la sed, bebe sorbos de placeres cada vez… Son los días, siempre saben donde van.